miércoles, 8 de julio de 2009

Brecha generacional

La M-mamá posa seria. Las M-hijas posan evidenciando la existencia de el karma y la genética.

viernes, 3 de julio de 2009

Good bye, man in the mirror!

En 1984 yo tenía 6 años y lo único que sabía de Michael Jackson era que salía en una peliculita que me horrorizaba. No pasó mucho tiempo cuando me enteré que no era una peli, sino un video y que se llamaba thriller. Lo ví muchas veces, aún a sabiendas de que los mounstros atrapaban mis noches y me provocaban pesadillas. Adicción total, no entendía ni una sola palabra de la canción, pero intuía que destilaba miedo, me lo decían la música, los ruidos, los actores y la malévola risa del final. Poco después oí a mis primos mayores cantar "déjalo que gire... gire" acompañando su performance de movimientos rítmicos.
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Transcurría el año 87 cuando Michael Jackson reapareció en mi mundo. En un programa de siempre en domingo que recuerdo claramente, Raúl Velasco presentó como primicia, el estreno en México de su video Bad. Tardé meses en recordar que ese hombre peleonero vestido de cuero negro y cadenas era el mismo que años antes me había asustado bailando en un cementerio lleno de zombies. No sabía inglés y mi panorama musical era demasiado angosto, pero disfruté enormemente sus imágenes en la televisión. Ya en la edad adulta recapitulé que lo que había visto y requetevisto eran sus actuaciones cantando smooth criminal.
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Con nociones de inglés y viviendo en Nuevo Laredo apareció un cd de portada carnavalosa. Era Dangerous. Ahí me cayó el veinte, concatené recuerdos y descubrí al artista. Michael Jackson era el rey del pop y su música era universal. De hecho, si tuviera que describir mi educación secundaria en una canción, escogería Remember the time, himno de mi adolescencia. Entré a la prepa y me enteré que había unos niños que lo acusaban de pedofilia, que lo iban a mandar a la Corte, pero que pagó un dineral para evitarlo. Jackson se convirtió en un escándalo mediático. Al parecer, el morbo por sus insinuadas desviaciones sexuales, sus cirugías y estilo de vida habían opacado su talento. Pasaron muchos años sin que su música me interesara, hasta que la investigación rigió mi horario laboral y tuve que ponerle armonía a las horas para preservar la paciencia. Descubrí Billy Jean, Smooth Criminal, the way you make me feel, I`ll be there y mi favorita: Man in the mirror. Precisamente estaba oyendo Beat it cuando una secretaria entró a mi oficina y me dijo que Michael Jackson se había muerto. ¿Como se va a morir? repliqué sin interés, Apenas hace unos días oí que va a dar unos conciertos en Londres. No lo creí y bastaron unos minutos para que la radio confirmara el rumor. Me sentí triste. De golpe me ví, ya era una adulta que no supo cuando creció, atrás quedó mi yo.niña, diciéndome adios como la Wendy de Peter Pan. He platicado con varios amigos respecto a su muerte y percibo que a todos nos impactó, fans o no fans, seguidores o detractores, todos sentimos que perdimos algo, que se nos fue un pedacito de vida como un globo de helio que vuela rápido cuando el cordón se le rompe. Para colmo, esta semana, Jordan Chandler, el niño que destruyó su carrera acusándolo de abuso sexual, regresó a la escena para reivindicarlo. Dijo que Michael no le había hecho nada y que había mentido para salir de la pobreza. Chale! Si fue o no cierto, ya no importa, porque el rey del pop murió como mendigo: solo, deprimido, refugiado en la esperanza de volver a los escenarios.
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Que descanse en paz Michael Jackson. Ese, que en la cima de su popularidad, decidió hacer una introspección, empezar un cambio social y hablarle al hombre que veía en sus espejos. Ese, que demostró que todo es posible y que nada es suficiente si uno no está contento con la persona que es. Ese, que resumió su sabiduría musical diciendo a sus audencias If you wanna make the world a better place, take a look at yourself and then make a change.

Done it!

Un buen día noté que el banco naboso había bloqueado mi acceso al blog. Incomodada por las restricciones, comencé a buscar métodos alternos para entrar y hoy, casi después de 3 meses, por fin, ¡¡¡snif!!! lo logré. (Aquí es donde ustedes silban la canción de "We are the champions" y aplauden, plis!!) Estoy muy contenta -a pesar de que la semana pasada me compré una netbook, gracias!- porque el descubrimiento reafirmó mi vocación de investigadora.
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La vida de un individuo con genes buscantes es simple. Se resume en pasar tiempos sin encontrar nada, tener paciencia, ser creativo, no perder el objetivo, actuar, descansar e indagar para que de repente ¡plop! el día más improbable, de forma impensada, se encuentre lo esperado. Así ha sido la dinámica desde que nací y así quisiera morir. Así he ganado un sueldo durante los últimos 2 años. Así he tejido un feliz juego de encuentros y desencuentros. Vivir para buscar y en la búsqueda ir viviendo. Que se cuiden las letras y los lectores, porque nuevamente, y a pesar de los obstáculos, volví!

Gracias a todos los que comparten el camino.